Despedida en Iruya. Ella se va, él se queda. Ella está parada. Él, sentado sobre el escalón más bajo, en la puerta del bus. Están charlando antes de la inminente partida del servicio de Transporte Iruya con destino Humahuaca. Palpitan la despedida; es evidente que los afecta intensamente. Casi puede percibirse dolor al observarlos. Los gestos son serios, se respira un ambiente tenso y difícil. En un momento, él la mira y le dice algo. Ella mira hacia abajo todo el tiempo.
Los demás pasajeros ya están arriba del ómnibus, esperando la partida. Sólo falta que suba ella.
En la segunda imagen, aparecen ambos cabizbajos. Finalmente, la bocina potente del ómnibus anuncia su partida, como si fuera el imaginario sonido de un dinosaurio. Es la hora. Un último pasajero llega apurado y sube los escalones. El motor ruge.
Un abrazo. Sentido. Silencioso. No hay más tiempo. Quizá no falte mucho para que haya otros abrazos. Tal vez sí, y eso se la causa de la sentida despedida. O es posible, quizás ni ellos lo sepan, que no haya más abrazos en el futuro. O quizás lo saben. ¿Y si la duda los carcome por dentro? ¿Cómo poder saber aquello que todavía no ocurrió, aquello que sólo está en un futuro incierto?
Ella sube al ómnibus. Él se queda abajo. Despedida en Iruya…



(Fotos: Pablo Harvey).
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