Todos Santos se celebra en Iruya el 1 y 2 de noviembre de cada año. Es una festividad que tiene raigambre en la cultura sudamericana prehíspánica y posteriormente recibió la influencia de la religión católica.
Desde tiempos antiguos, los habitantes de toda la región en donde se extendió la cultura andina realizaban la festividad de las almas. Esta celebración constituye una parte importante del legado patrimonial, que se mantiene viva en la actualidad. Así, puede decirse que esta festividad es uno de los rasgos más representativos de la religiosidad profunda presente en la cosmovisión andina.
Felipe Guamán Poma de Ayala, cronista de ascendencia incaica y española, explica en su libro Nueva Crónica y Buen Gobierno que noviembre era el mes de los difuntos. Era la época en que la siembra había terminado y la tierra estaba preparada para hacer la cosecha. Marcaba el inicio del ceremonial del año. Era una época en que las almas de los difuntos retornaban; no podía ser causa de lamentaciones sino de júbilo.
La celebración de Todos Santos en Iruya, en la actualidad
En días actuales se sigue celebrando en Iruya Todos Santos. Muchas familias, especialmente aquellas en las que uno de sus miembros falleció en años recientes, preparan en su vivienda una mesa de ofrendas. Se trata de panes horneados con forma de palomas o de otros animales. Otros también tienen forma de escalera, o de cruz, y también de forma humana. Hay también ofrendas con otras formas. Las familias preparan las ofrendas en grupo, como es la costumbre en la comunidad. Se hace la masa, se cortan las diferentes formas, se adornan y luego se hornean.


El 1 de noviembre se prepara la mesa con las ofrendas a las almas de los difuntos. La cantidad puede variar según las posibilidades de cada grupo familiar. En la mesa se colocan además diferentes tipos de comidas. Empanadas, asado, guisos, tamales, mote, queso de cabra, picadillo de carne, viandada, empanadillas de cayote, duraznos en lata, galletitas, budines, caramelos. La variedad de comestibles es amplia: puede haber dulce de leche, arroz con caballa, mote, tortas, frutas, entre otros. No faltan las tradicionales capias, unas galletitas hechas con harina de maíz blanco. También se colocan bebidas con y sin alcohol, cigarrillos y hojas de coca. Entre las bebidas hay cerveza, vino, sidra, algún licor, chicha y diferentes gaseosas.
La mesa se deja preparada por la noche, para que las almas se alimenten y beban. Y las personas van a las diferentes casas a rezar por los difuntos, durante toda la noche.
El 2 de noviembre la gente se traslada al cementerio, en donde tiene lugar una misa por los difuntos. Terminada la ceremonia, cada familia cambia las coronas de flores de las tumbas de sus difuntos por coronas nuevas. Hoy se usan coronas hechas con flores de plástico, que duran hasta el año siguiente, si bien van perdiendo algo de su alegre colorido.
Ya de regreso del cementerio, las familias se dirigen por grupos a las diferentes viviendas. Recorrerán casa por casa. Llegados a la primera, proceden a lo que se denomina levantar las ofrendas: después de rezar por los difuntos de la familia anfitriona, se reparte la comida entre todos los asistentes. Al final, se reparten las ofrendas. Se levanta la mesa, y se da por terminada la celebración. El grupo se traslada a la segunda casa, adonde se repite la ceremonia. Y así, hasta que no quedan más casas por visitar.
Todos Santos es, junto a otras fiestas y celebraciones, una viva muestra de las tradiciones que siguen vivas en Iruya a través de los siglos.

