IRUYA, Salta, Argentina.- Una persona a caballo en Iruya, es una imagen bastante común. Puede verse al recorrer los senderos o los caminos internos que recorren el municipio. La conjunción entre jinete y equino es algo que resulta natural. Entre los dos se establece una relación que podría llamarse simbiótica. Uno cuida y alimenta, el otro ayuda con su fuerza para trasladar.

Andar a caballo en Iruya, una experiencia que invita a pensar
Como puede apreciarse en la imagen, ambos transitan por un paraje desolado . El paisaje es formidable, la soledad puede palparse en el sonido de los pasos rítmicos del caballo sobre el suelo arenoso y seco. El jinete, inmóvil, pasea su vista alternando entre el maravilloso espectáculo a lo lejos y las crines de su compañero, que mueve las orejas con tranquilidad.
Ese recorrido, esa experiencia, esa comunión entre ser humano y animal, invitan a pensar. Dejar que la mente viaje libremente por el mundo interior. Algo que, sin dudas, muchos no suelen hacer.
La playa del río Iruya, horas más abajo del pueblo del mismo nombre, presenta vistas de gran belleza. Los caminos son solitarios, poco conocidos. Parte de la Iruya profunda, que hace algunos años era habitada por muchas más familias que las que viven por estos días en esos desolados parajes.

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Hermosa foto y el texto es tan descriptivo y cargado de emoción que nos transporta a ese lugar privilegiado… parece un mimo en edio de la inmensa puna… Gracias, Notiruya, por tanta delicadeza!
gracias, marcela. me alegra que te hayas podido transportar a esta tierra maravillosa!
pablo harvey – editor