Niños juegan al fútbol en una canchita en las montañas salteñas, en la localidad de San Isidro, dentro del Municipio Iruya. La pequeña cancha está rodeada por una pirca (cerco hecho con piedras apoyadas una sobre otra, sin cemento). Más arriba, un alambre de gallinero sujetado por postes, sirve para contener la pelota.

En estas localidades alejadas de los grandes centros urbanos, como en toda Argentina, el fútbol está siempre presente. Los niños lo juegan ya desde muy pequeños. Las niñas también juegan desde temprana edad, hasta la adultez. En San Isidro, el fervor futbolero resulta algo natural: raro es que alguien no juegue.
El paisaje es un marco fantástico. Las montañas, altas, son testigos de los partidos que se arman. Y se corre, a pesar de la altura: poco menos de tres mil metros sobre el nivel del mar. Eso sí, cuando la pelota pasa por arriba del alambrado, hay que ir a buscarla, y no es nada fácil. Pero siempre sale alguno; chicos o grandes, parecen cabras. ¡Bajan corriendo, buscan la pelota, suben, y siguen jugando!
Resulta muy gracioso cuando alguien que está de visita se suma a algún picadito con los chicos. Es que el fútbol, en una canchita en las montañas, con semejante paisaje, resulta muy tentador. Pero ya a los pocos minutos, el visitante ya está «con la lengua afuera», asombrado de ver a los chicos, que corren y corren, como si les hubiesen dado cuerda…
(Ph: Anita Ciccosillo).
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