Ubicado en lo alto del pueblo, el cementerio de San Isidro, Iruya, es verdaderamente un lugar de paz. Alejado de la parte céntrica, para llegar allí hay que recorrer una senda peatonal que asciende por la ladera de la montaña.

Las tumbas, ubicadas en la empinada falda de montaña en la que está emplazado el cementerio, se ven alegres, con sus collares de flores de plástico de distintos colores. Las cruces sobresalen, apuntando al cielo.
El perímetro del cementerio está cercado por pircas, que son paredes de piedra de no mucha altura, hechas con piedras del lugar. Tiene una puerta de rejas, sostenida por dos paredes de piedra a sus costados. La parte superior es de cemento. El piso del cementerio es la montaña misma, cubierta de pastos de altura.
Desde este lugar de paz, la vista es maravillosa. Hacia donde abarque la vista del espectador podrá ver montañas. Cerros majestuosos que a su vez observan silenciosamente. Algunos, se muestran con sus coloridos vestidos minerales.
Los lunes, vecinos sanisidreños concurren al cementerio llevando flores y velas, que encienden en las tumbas. Es una costumbre que se practica desde hace muchos años.
Muy cerca del cementerio de San Isidro (Iruya), un poquito más abajo de la puerta, está el mirador, desde donde hay una hermosa vista panorámica del pueblo.
Artículo publicado en marzo 2016 y actualizado el 04/03/25.
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