IRUYA, Salta, Argentina.- En esta imagen, una pastora de Iruya camina con sus animales: un par de ovejas, una cabra, un perro. Estas mujeres pasan horas de bajo el sol, con infinita paciencia. Soportando el calor, el frío o el viento para que el rebaño, más grande o más chico, pueda alimentarse de la hierba que va encontrando. Y así transcurren los días y los meses, en el silencio entre las piedras y los cerros.
Así, pastora y animales se funden con la montaña y se acompañan mutuamente en la soledad milenaria. (Ph: Loupe Fotografía).
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Me gustaría conocer es un lugar q enamora
Hola, Sandra.
Tú lo has dicho. Además, Iruya es un lugar que no se olvida. Gracias por comentar.
Pablo Harvey