La foto impacta: «Llegando a Iruya» en blanco y negro, por Ricardo Ledesma. Bellísima imagen de la parte céntrica del pueblo tomada desde el camino de acceso. El claroscuro le aporta una marcada sensación de profundidad y dimensión a la escena.

Destaca la iglesia, cuya cúpula se ve en la fotografía de color gris y sus paredes aparecen blancas. Algunas casas también lucen blancas y otras color gris claro. Las pequeñas ventanas parecen ojos que miran, saludando al viajero que llega de visita al pueblo en la montaña.
La luz parece concentrarse en el centro de la imagen, donde están las construcciones. Todo el resto luce de colores grises, más oscuros. Los altos paredones montañosos, oscuros, tienen un aspecto que podría parecer amenazador. O, visto desde otra perspectiva, son espíritus de la montaña que protegen al pueblo, como si fueran las paredes de un cálido nido que protege a indefensos pichones.
Un detalle para observar con atención, es que detrás de la iglesia, y más arriba sobre el cerro, destaca una especie de réplica ampliada de la iglesia proyectada sobre la pared vertical. Al mirar con atención, parece que esa imagen se estuviera comenzando a derretir y goteara muy, muy lentamente. Como cuando algo pintado sobre el vidrio de una ventana se calienta y comienza a deslizarse hacia abajo, produciendo una sutil deformación de la imagen original.
En primer plano, los pastos y pequeños arbustos desnudos se confunden con pequeñas nubes de polvo delatadas por la luz juguetona. Al fondo, los cerros enormes parecen no tener fin.
«Llegando a Iruya» en blanco y negro, una espléndida imagen de Ricardo Ledesma.
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¡Gracias, Ricardo, por compartir tu fantástica foto!