
Descansar junto al río durante un alto en una excursión es algo que depara momentos placenteros, plenos de paz y en armonía con el entorno. Tomarse el tiempo, bajar las revoluciones y permitir que el cuerpo y la mente se relajen por unos minutos, en vez de pensar en llegar rápido a destino, es algo que no muchos hacen, tal vez por tener poco tiempo para realizar la excursión, o porque no se detienen a observar la belleza que tienen al alcance de su mano. Y quizás es lo que marca la diferencia, convirtiendo una buena excursión en una experiencia maravillosa, inolvidable.
En la playa del río San Isidro en Iruya, que se observa en la imagen, se puede disfrutar de momentos maravillosos. El sonido del agua fría y cristalina corriendo sobre el lecho de pedregoso, la vista de montañas imponentes, buscar piedras de diferentes colores y texturas resulta armonizador para el espíritu. Como así también, refrescarse las manos y el rostro con el agua pura.
Al dedicar un momento a la contemplación, la paz invade el ser. Luego de ello, después de descansar junto al río y con las energías restauradas, se puede continuar caminando. Todo el entorno, lo que vemos, aparecerá renovado.
(Foto: Nano Alegre).
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