El 1 de mayo de 1982, la Guerra de Malvinas tuvo su comienzo con la primera incursión aérea británica. La flota británica había atravesado el Océano Atlántico y los numerosos regimientos y batallones argentinos habían tomado posición en las islas, en especial en la Isla Soledad.
El ataque británico comenzó a las 4:40 hs. Un avión bombardero B-2 Vulcan lanzó 21 bombas de mil libras sobre el aeródromo de Puerto Argentino. Una sola de las bombas cayó en la pista, pero no produjo daños severos: un agujero de 20 metros de diámetro. La incursión, realizada a gran altura, tomó por sorpresa a la defensa antiaérea argentina, que a partir de ese momento entró en estado de alerta. Ese mismo día hubo más ataques sobre Puerto Argentino y sobre un pequeño terreno usado como aeródromo en Darwin.
El ataque británico fue sostenido por el portaaviones HMS Invincible, que se ubicó a 130 km al norte de Puerto Argentino, y por el portaaviones HMS Hermes, al noreste, a 93 km de la costa. Desde allí partieron las patrullas aéreas de combate: Harrier y Sea Harrier.
Un testimonio que recuerda ese primer día de la Guerra de Malvinas
Recuerdo aquel inolvidable día en la Base Aérea Militar Cóndor en nuestras queridas Islas Malvinas. A las cinco de la mañana nos despertamos sobresaltados con el grito de ALARMA, en pocos minutos estábamos todos al costado de la escuela donde dormíamos, amontonados en la oscuridad sin saber lo que realmente pasaba hasta que llegó el Teniente Lombardi y nos dijo que estaban bombardeando Puerto Argentino y así todos juntos nos dirigimos hacia la pista.
Con Duarte recordábamos las tareas que nos quedaban por hacer en algunos aviones. Ya una vez en la pista y entre las máquinas el Teniente Santini recibió la orden de retirar las bombas con que estaban cargados cuatro Pucarás que saldrían de inmediato solamente con armamento fijo (cañones y ametralladoras).
Finalizada la tarea decidimos continuar el trabajo que veníamos haciendo desde días anteriores, (preparación de bombas, municiones, cohetes, etc.), el resto del personal se dispersó entre los aviones para colaborar en la puesta en marcha, sacar pines de seguridad del armamento, etc.
El día ya había aclarado y los aviones comenzaron a despegar. El tercero de ellos en plena carrera de despegue rompió el tren de nariz y se clavó en la pista, sin consecuencias graves para el piloto al que ayudamos a salir inmediatamente.
De pronto escuchamos la “Alarma” y el ensordecedor tableteo de los cañones de 35 mm. antiaéreos. En el radar había aviones enemigos, no obstante al rato volvimos a la normalidad pues los ecos habían desaparecido. Salimos de las trincheras y volvimos a la pista para sacar el avión accidentado. Dejar la pista libre para próximos despegues nos demandó aproximadamente unos 15 minutos de labor.
Mientras esperábamos nuevas órdenes en la carpa degustábamos un exquisito pan dulce que nos habían mandado desde Reconquista el día anterior.
A las 08:20 de la mañana el Teniente Jukic se arrimó a la carpa y nos avisa que va a salir una escuadrilla armada con cohetes y se dirigió al avión (A-527) que estaba en frente de la carpa. De inmediato dejamos la carpa los mecánicos y armeros que en ese momento estábamos juntos. Salimos conversando con Duarte y decidimos ir a completar la carga del A-527.
Habríamos recorrido unos veinte metros y faltando unos diez para llegar al avión donde estaba Jukic, de pronto vi unas sombras que pasaban por encima del Pucará que estaba delante de nosotros.
Aproximadamente a unos veinte metros de altura, se divisaban las inconfundibles siluetas de los Harriers. También alcance a ver una nube de bombas tipo racimo que habían lanzado y se nos venían encima… grité “mirá Duarte” e instintivamente creo que me tiré al suelo… algunos que nos vieron luego nos comentaron que no lo logramos pues no nos dió tiempo a nada.
Inmediatamente comencé a escuchar las explosiones, tierra que me cubría y el horrible dolor de las esquirlas entrando en mis piernas.
Cuando cesaron las explosiones comencé abrir los ojos, no se veía nada por la cantidad de humo y el olor era impresionante, también escuché como si algo ardiera.
Me di vuelta… lo primero que miré fueron mis piernas… pensé: todavía las tengo… levanté la vista y veo al Pucará que estaba delante nuestro segundos antes envuelto en llamas.
Diviso debajo del ala derecha un cuerpo inmóvil; después supe que era el del Cabo Primero Montaño.
Busqué a Duarte que estaba a mi lado, para decirle que saliéramos de allí, pero no me respondió: mi gran amigo ya no me respondería… iba camino al cielo.
A mi izquierda, muy mal herido, se encontraba el Cabo Primero Brashich que fallecería más tarde en Puerto Argentino.
En realidad había varios cuerpos inmóviles que no se distinguían por el humo.
Una explosión me hizo volver la vista al avión que ardía… comenzaba a detonar el armamento que le habíamos montado: municiones 20 mm. y cohetes.
Intenté incorporarme para salir de allí y dirigirme hacia la carpa o lo que quedaba de ella pero no pude… el dolor en las piernas era espantoso por lo que debí arrastrarme.
Llegué a la trinchera que la rodeaba, me zambullí y me quede allí, comenzaba a tener frío pues estaba muy mojado con sangre. Me sobresaltó una tremenda explosión y de inmediato una lluvia de fuego… caía combustible ardiendo… había explotado el avión… se incendió la carpa… al lado se encontraba el polvorín de campaña… que macana che… había que salir de allí y lo más pronto posible.
Salí del pozo como pude y comencé a arrastrarme hacia otro lado hasta que una mano me ayudó y me alejo de la zona, era el Teniente Rosas.
Unos veinte minutos transcurrieron hasta que cesaron las explosiones. El Suboficial Ayudante Acevey se acercó y me cubrió con una manta, tenía mucho frío. Me cargaron en una camioneta y me llevaron al costado del puesto comando donde se encontraban los demás heridos y fallecidos… me aplicaron un calmante… de inmediato nos subieron al helicóptero que nos trasladaría al hospital de Puerto Argentino.
Recuerdo que a mi lado estaba el Cabo Rodríguez y el Cabo Primero Carrizo muy mal herido. Fue el viaje más largo de mi vida… treinta minutos tirado en el piso. Momentos antes de llegar Rodríguez me toca y con su mirada me dice que Carrizo ya nos había dejado también, el horror continuaba.
Ya en Puerto Argentino nos llevaron a un hospital; para mi asombro no éramos los únicos… estaba lleno, pues se encontraban los heridos del primer bombardeo de ese lugar.
Nos sacaron la ropa y comenzaron las intervenciones por parte de los médicos que se portaron en forma excelente. A partir de allí comenzaría una larga y penosa convalecencia… la metralla había hecho estragos en mis piernas y cintura.
El 1ro de mayo de 1982 fallecieron: teniente Daniel Jukic, cabo principal Mario Duarte, cabo principal Juan Antonio Rodríguez, cabo primero Miguel Ángel Carrizo, cabo primero José Maldonado, cabo primero Agustín Montaño, cabo primero José Luis Peralta, cabo primero Andrés Brashich y los soldados clase 63 Guillermo García y Héctor Bordón.
(Testimonio publicado en la página 3040100).
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