23/04/13.- Ayer, 22 de abril, se produjo una movilización en Chile por el Día de la Tierra. Este día, también denominado Día por la Tierra, es reconocido por diversos sectores políticos, sociales, ambientalistas, de derechos humanos, estudiantiles, artísticos y culturales de diversos pueblos, preocupados por la vida y existencia del planeta y los impactos que vienen ocurriendo en diversos territorios a causa de prácticas dañinas. Asimismo, ha sido reconocido y declarado oficialmente por organismos internacionales como las Naciones Unidas.
En el Día de la Tierra, los movimientos sociales en Chile se expresaron masivamente. Delegaciones provenientes desde diversas regiones, del norte y sur, han convergido en Santiago por las aguas. Desde una perspectiva integral con respecto a lo que ocurre en los territorios. En ese sentido, ante la crisis que se vive y la mercantilización de este vital elemento, apropiado indebidamente por corporaciones privadas que la controlan, depredan y contaminan.
Las aguas, motivo importante de la movilización en Chile en el Día de la Tierra
El agua es un elemento vital. Puede sonar a lugar común, pero nadie discute la importancia que tiene para el desarrollo de la sociedad. ¿Es el acceso a ella un derecho fundamental de la población?
La mayor parte de los derechos de aguas en Chile está en manos de privados de forma gratuita y a perpetuidad. El Código que norma el uso de los recursos hídricos permite que se regulen de acuerdo al mercado. Y la Constitución consagra al agua como un bien privado.
Este marco regulatorio ha permitido que diversas actividades de la mega industria se desplacen a la región de la Araucanía e intervengan recursos hídricos. Ello, ya sea succionando este vital elemento o bien contaminándolo.
Es el caso de la industria forestal y de celulosa, que en el centro sur de Chile tienen más de 3 millones de hectáreas de monocultivos. Plantaciones de pino y eucaliptus que pretenden duplicarse, actuando como verdaderas bombas de agua. Así, reemplazando tierras agrícolas, frutícolas, de bosque nativos, espacios fundamentales para la vida, la soberanía alimentaria y el desarrollo de la vida rural.
Las localidades forestales entre el Bio Bio y la Araucanía, a pesar de las abultadas utilidades que perciben las compañías, son lugares donde se concentran los mayores niveles de pobreza.
Pueblos que son centros medulares de la actividad forestal prácticamente son poblados “fantasmas” y donde existe un notable aumento emigratorio.
Asimismo, decenas de proyectos se emplazan en las zonas cordilleranas buscando captar e intervenir fuentes de agua. Tal es el caso de la industria salmonera con múltiples pisciculturas. O bien de corte energética como diversas centrales hidroeléctricas y de geotermia, o la propia expansión de la industria forestal.
A esto se suma la privatización de servicios básicos de agua y alcantarillado con empresas que solo buscan lucro. Ello genera fuertes aumentos de costos en las zonas urbanas y contaminaciones en sectores rurales vulnerables. Lo mismo con descontrolados vertederos en las diversas comunas que contaminan las aguas necesarias para la agricultura y la vida.
Para graficar la situación crítica en la región, entre enero y febrero del 2012 unas 46.000 personas de zonas rurales fueron afectadas por la falta de agua. Esa falta produjo serios trastornos a su agricultura de subsistencia. Estos hechos llevaron a establecer un decreto de emergencia agrícola, siendo las mujeres y niños y niñas las más afectadas por estas situaciones.
Como se señalaba, el aspecto más crítico del Código de Aguas de 1981 es que define el agua como “un bien nacional de uso público”. Pero al mismo tiempo como un “bien económico, autorizando la privatización del agua a través de la concesión de derechos en forma gratuita y a perpetuidad, no fijando límites a dicha concesión”. Es aquí donde está el problema, ya que deja en entredicho el uso público del agua. A su vez dejando el espacio para su usufructo privado, lo que ha derivado en diversos mega proyectos, especulaciones y palos blancos que han causado estragos a territorios y al agua.
Hoy, en Chile, el 90% de los derechos de aprovechamiento de aguas consuntivas (no devuelven un caudal al río), en el norte, se encuentra en manos de empresas mineras y agroexportadoras. Mientras, prácticamente el 100% de los derechos de aprovechamiento de aguas no consuntivos (devuelven un caudal al río) se encuentra en manos de transnacionales como ENDESA (más del 70 %).
Del total del recurso hídrico existente en el planeta, el 97 % corresponde a agua salada y sólo un 3 % a dulce. Sin embargo, sólo un 1 % está disponible para los ecosistemas y el consumo humano y animal. El 2 % restante está congelado en glaciares y Polos. El 20 por ciento de la población mundial carece del agua necesaria para una vida sana y se espera que para el 2025 esta situación afecte a un 30 por ciento de los seres humanos. Hoy, 5 millones de personas mueren al año por enfermedades asociadas a aguas contaminadas.
(Fuente: Servindi)
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