Una afirmación que resulta durísima, da para analizarla y pensar: la humanidad va hacia atrás, con el rótulo de progresista. La frase fue publicada en el medio La Patria en Línea, de Bolivia. Aquí desarrollaremos el artículo publicado.
Hace pocos días, el lunes 22 de abril, se celebró en el planeta el Día Internacional de la Tierra. Sin embargo, a decir verdad, sin mucho que festejar y con abundantes recomendaciones, que casi siempre quedan sólo en papeles o en palabras.
Nuevamente, las diferentes organizaciones ambientalistas recordaron las normas a seguir para preservar el medio ambiente. A diferencia de otras, que más bien hicieron un recuento de los problemas ambientales que afrontan las diferentes sociedades, sin ir lejos la orureña.
Denuncias de contaminación minera, daños al medio ambiente, proliferación de basura hasta contaminación acústica, se hicieron patentes en boletines de las entidades dedicadas a la defensa del hábitat, tanto de la humanidad como de los demás seres vivos, pero quizás sin lograr avances significativos.
Lo cierto es que se supone que los seres humanos se dirigen hacia su evolución con el rótulo de progresistas y civilizados. Pero en realidad la humanidad va hacia atrás, como el cangrejo. Porque tanto progreso ha traído múltiples daños al medio ambiente, a la diversidad biológica y a la naturaleza del planeta Tierra.
Inclusive las autoridades bolivianas que se arroparon con la bandera de «defensores de la Madre Tierra» adoptan políticas agresivas contra el medio ambiente. Ello, en especial contra la biodiversidad de los parques nacionales, que por excelencia son áreas protegidas, o deberían serlo.
La muestra más clara es el empecinamiento en construir una carretera con el cartelito de «ecológica». La misma atravesará la zona protegida del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure.
A nombre de la civilización, las sociedades se convirtieron en consumistas y contaminantes. Se tiran toneladas de basura a diario, se utilizan aparatos electrónicos sin medida, se encienden demasiadas luces innecesariamente. Están en boga combustibles que ensucian el aire. Se ha desarrollado la industria de los biocombustibles poniendo en peligro la seguridad alimentaria de algunos sitios. Mientras en otros se desperdician cantidades de comida que a la vez que dejan a numerosas poblaciones con hambre generan más contaminación.
Esperemos que día que pasa las personas tomemos conciencia de que las cosas no son eternas y que debemos en lo posible preservar lo que poseemos, evitando derrochar energía y recursos que pueden ser valiosos para parar la destrucción de nuestro propio hábitat, la Tierra.
(Fuente: La Patria en Línea – Bolivia – Resumen ecológico Kiswara).
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