En esta entrevista realizada en octubre de 2016, María Gutiérrez narra la verdadera pesadilla que vivió debido al volcán que bajó luego de una fuerte lluvia a fines de 2014.
María, vecina de Iruya, cuenta cómo en horas de la tarde del 14 de diciembre de ese año, el barro ingresó en su casa. El agua, dentro de la vivienda, llegó a 30 cm de altura. Con la ayuda de su hijo de 17 años y amigos, estuvieron sacando el agua desde las 19 hs hasta las 3 de la mañana.
«Antes de irme a vivir a ese barrio nuevo, habíamos presentado nota al municipio para que nos hicieran las calles, pero no hubo respuesta». Con las calles hechas, el barro y el agua encuentran por dónde pasar sin ingresar a las viviendas.
«Esperemos que este año no vuelva a pasar, porque tampoco se hizo nada», agrega María, quien trabaja como administrativa en el hospital.
De sus tres hijos, el del medio, que tenía 10 años cuando sucedió todo, quedó con muchísima impresión por lo vivido. Tiene problemas de aprendizaje, y le dijeron que es debido al miedo que lo afecta. Su hijita de dos años no quedó tan afectada, aunque en realidad todos quedaron con miedo.
María perdió la heladera y todas las puertas, que quedaron inservibles. Además, tuvo que arreglar el techo. Defensa civil se acercó y le entregó 5 bolsas de cemento. Prometieron enviarle otra ayuda más, pero no tuvo más noticias.
Historias, situaciones que suceden en estos pueblitos de montaña alejados, y que en las grandes ciudades y centros poblados no se conocen.
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