Un paisaje formidable, de gran y profunda belleza, se observa en este descenso por cerros rojos, majestuosos. El sendero desciende zigzagueando, escoltado por murallones que semejan fantásticos castillos de color rojo con su parte superior de tono marrón grisáceo. Se trata de un sendero muy antiguo, hecho hace generaciones. Por allí han caminado los ancestros de los actuales pobladores, que siguen transitando las mismas sendas.

Atrás, más arriba, quedó la Panti Pampa. Abajo, bien abajo, se ve la playa del río San Isidro. Sus aguas llegan desde el pueblo de ese nombre, de derecha a izquierda, y se encontrarán con el río Iruya. Un detalle: el murmullo del río se oye durante todo el descenso.
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El camino que se ve abajo, bien claramente, en diagonal, sube hasta el pueblo de Iruya.
El paisaje verdaderamente fascina. Los cerros se cubren de rosados, grises, marrones, morados. Una explosión de colores que transmite alegría al caminante. Otra sensación que surge desde bien adentro, en la paz de la montaña, es la gratitud.
Excursiones como esta dejan una huella imborrable en quienes la realizan.
(Foto: Iván Wasinger).
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Dios estaba inspirado cuando pintó los colores de esas montañas!