
Iruya tiene momentos en los que los paisajes y la quietud invitan a la contemplación. Y al mirar a lo lejos, se pueden percibir escenas que son historias en sí mismas, como ésta que inspira la balada para cerros empinados, con dos cóndores que planean silenciosamente y se recortan en el cielo bien celeste en el que destaca una blanca luna.
(Foto: Carolina Goedelmann).
Descubre más desde Notiruya
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
