Muchas familias preparan en sus casas una mesa con las llamadas ofrendas, que son panes con diferentes formas de animales, o figuras humanas, de escalera o de cruz, amasados y horneados por cada familia. La mesa se deja servida la noche del primero de noviembre para que las «almitas» de los difuntos de cada familia puedan comer y tomar de los alimentos y bebidas ofrecidos.
El 2 de noviembre, después de una misa por los difuntos que se realiza en el cementerio de Iruya, los vecinos van casa por casa a levantar las ofrendas, repartiendo toda la comida y bebida entre los presentes.
Es importante que celebraciones como esta sigan realizándose, porque de esta manera se mantiene viva la cultura de los pueblos. Es además una forma de fortalecer la identidad. (Foto: Pablo Harvey).
— con Stella Maris Ismael, Mar Castaño, Marioni Fischer de Mello y 19 personas más.
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