Iruya por la noche, silenciosa mensajera de infinitos misterios

Iruya por la noche, silenciosa mensajera de infinitos misterios
Iruya, silenciosa mensajera de infinitos misterios

¿Ha de volver siempre la mañana? ¿No tendrá nunca fin el
poder de la tierra? Siniestra agitación devora el vuelo celestial
de la noche que se acerca. ¿No va a arder para siempre la
ofrenda secreta del amor? Los días de la luz están contados;
pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la noche.
El sueño dura eternamente. Sagrado sueño — no escatimes la
felicidad a los que en esta jornada terrena se consagran a la
noche. Sólo los insensatos te ignoran y no conocen otro sueño
que el de la sombra que tú, compasiva, arrojas sobre nosotros
en el crepúsculo de la noche verdadera. Ellos no te sienten en el
dorado mosto de las uvas — ni en el aceite milagroso del
almendro, ni en la parda savia de la amapola. No saben que
eres tú la que envuelve los pechos de la tierna muchacha y
convierte su regazo en un edén — no sospechan siquiera que tú,
desde antiguas historias, sales a nuestro encuentro
abriéndonos las puertas del cielo, trayendo la llave de las
moradas de los bienaventurados, silenciosa mensajera de
infinitos misterios.

Novalis
Himnos a la noche (II)


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