Dos personas, dos caballos y un perro descienden por el angosto sendero a San Juan, Iruya, al borde del precipicio. Senderos como este hay muchos en el interior del municipio, ya que conectan los diferentes poblados, caseríos o parajes. Por allí transitan las personas para ir desde sus pueblitos hasta Iruya, o viceversa.

El precipicio al costado es profundo en muchas ocasiones, lo que conlleva su peligro. Cuando soplan vientos fuertes el riesgo de caer arrastrado hacia el vacío es mucho más importante. Pero a todo puede acostumbrarse. Por esos senderos circulan niños, personas mayores, mujeres con sus hijos en a espalda. Y la gente los recorre a pie, porque es la única posibilidad; hay varios pueblos que no tienen camino de acceso para vehículos.
Y como se aprecia en la fotografía, llevan también animales: caballos, mulas, burros, cabras, ovejas, vacunos también. Como es lógico, por razones de seguridad, en tramos como estos los animales no van montados.
Aspectos de la vida en el interior de Iruya, que para quienes viven en las ciudades son completamente desconocidos. Hay lugares a los que se tarda horas para poder llegar a pie. Cruzando ríos, quebradas, transitando por alturas o por empinadas laderas. El paisaje es verdaderamente de ensueño.
El angosto sendero a San Juan que se aprecia en la foto, es apenas un pequeño tramo de un recorrido de unas casi cuatro horas en total.
(Ph: Pablo Harvey).
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