Camino a un pueblo de gran hermosura (foto destacada).

Transitando el camino a un pueblo de singular hermosura

En esta entrega, les cuento acerca del camino a un pueblo de gran hermosura. El norte argentino está integrado por pueblos bellísimos. Entre ellos hay uno que se destaca no solo por sus callecitas empinadas, por su iglesia con cúpula celeste y sus paisajes ancestrales, sino también por su camino de llegada, plagado de pendientes, curvas y contra curvas. Andar un camino así, para llegar a un destino maravilloso.

Iruya está a 2780 metros sobre el nivel del mar, rodeada de montañas y de ríos. Aunque forma parte de la provincia de Salta el acceso directo se hace desde Jujuy.

Oscar es uno de los choferes de Transporte Iruya, que sale todos los días desde Humahuaca. Es un viaje de aproximadamente tres horas, y tiene tres frecuencias de ida y otras tres de regreso. Oriundo de Humahuaca, campera roja con capucha azul, que no se saca en todo el viaje. Inicia su recorrido a las 8 20 hs en punto.

«¿Que hacés, pelo duro?», le grita un amigo en la esquina de la terminal de Humahuaca. Y Oscar, riendo, le responde con otra pregunta: «¿Qué te pasa, chancha?».

Iniciamos el viaje junto a un puñado de niños que a los veinte minutos de partir se agolpan para bajar en la escuela de Chorrillos. El día está nublado pero una hora después en Iturbe asoma el sol. Allí hacemos una paradita técnica para ir al baño, comprar tortillas o estirar las piernas.

Son apenas unos minutos y otra vez en viaje, nos dejamos llevar por la luz de las montañas. Parece que estuvo lloviendo hace unos días y se nota por el camino embarrado.

El boletero le convida agua al chofer, que muy seguro maneja con una sola mano en curvas pronunciadas, subidas y bajadas. Ya no hay señal de internet, las señales son otras… Florcitas amarillas bordean el camino, dicen que es hierba conocida como «suncho», y es una planta silvestre que se extiende por toda la ruta.

Las nubes son tan bajas que mueven a pensar en mareas, y en el medio de la nada una casita del gauchito Gil resplandece con su color rojo. Nos cruzamos con un bus de la empresa Panamericano que regresa de Iruya; los choferes disminuyen la velocidad y se saludan. Una o dos veces al día se cruzan en estos caminos y pienso en esa rutina diaria que los encuentra cada día rodeados de montañas.

Una bandera aimara y un cartel de medicina ancestral, en Chaupi Rodeo, asoman de repente en un lugar que parece inhabitado. Dicen que allí vive el hombre que cura a la gente del lugar. Más adelante, otro cartel indica que 40 es la velocidad máxima, y las florcitas amarillas siguen en el camino, de un lado la montaña, del otro el precipicio.

De vez en cuando se cruza algún vehículo, a lo lejos tres hombres con sombrero siembran papines. Y en una de las curvas una señora sube al colectivo a vender empanadas. Antes de bajar les regala unas empanaditas de queso al chofer y al boletero.

El camino al pueblo, de particular hermosura, continúa. ¿Cuántos años tendrán las piedras que lo rodean? Las hay de todos los tamaños y colores. Debajo del espejo cuelga un banderín con los colores de la bandera argentina, con un sol bien fuerte.

En medio del silencio el chofer le pregunta al boletero si hoy es martes, y le alcanza una bolsita con hojas de coca. También en silencio le pasa el sobrecito de bicarbonato.

Analía y Noemí suben en Colanzulí, cerca de la escuela «Aeronáutica argentina», la número 4503. Van a llevar algo a Campo Carreras, y más tarde regresarán caminando. Ellas cultivan papas, papines, habas, zanahorias…

Ya no se ve nada, estamos en medio de las nubes. Las últimas curvas son tremendas, y la cúpula celeste de la iglesia se deja ver desde lejos. Una moto solitaria viene de frente.

En medio de una quebrada de colores alguien escribió «Nacimos para cuidar el mundo, no para destruirlo». Llegamos a Iruya después de transitar ese camino a un pueblo de gran hermosura. Y es una fiesta para el cuerpo y el alma. ¡¡¡A disfrutar!!!

Texto y fotos: Silvina Di Caudo.


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2 comentarios en “Transitando el camino a un pueblo de singular hermosura”

  1. Hermoso y muy sentido relato. Para los que alguna vez visitamos ese lugar nos vuelve a la memoria la experiencia vivida: fascinante por dónde la miren

    1. ¡Muchas gracias por tu comentario, José Luis!
      Qué bueno que te gustara el relato de Silvina, que muestra sensaciones que se viven transitando el camino a Iruya. Que, por otro lado es una experiencia formidable, que vuelve a vivirse cada vez que se viaja en ese colectivo.

      Un saludo amistoso,

      Pablo Harvey – editor

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