El décimo capítulo de Memoris Nocturnae es un viaje cultural en el tiempo que finaliza en Polonia, con Frédéric Chopin. La fecha a que corresponden las efemérides es el 8 de noviembre.
La propuesta de efemérides culturales de este capítulo comienza con Hernán Cortés, su llegada a Tenochtitlán y el encuentro con Moctezuma. Tiempo después los españoles, con ayuda de una coalición de pueblos indígenas, toman la ciudad y cae el Imperio azteca.
En segundo lugar, el periplo cultural salta al senado romano, donde Catón repetía la frase que se le suele atribuir: «Delenda est Cartago«. La frase, ya fuera dicha o no por Catón, se refiere a la idea que el político y militar romano tenía. Había que destruir a Cartago, la ciudad del norte de África (hoy Túnez) que fuera fundada por los fenicios en el siglo IX a.C.
Cartago se oponía firmemente a Roma, pero finalmente, después de las Guerras Púnicas, cayó en el año 146 a.C. frente a la República romana.
Posteriormente, continuando el recorrido, se llega al Museo del Louvre, el cual abre sus puertas al público en 1793. La Gioconda, de Leonardo da Vinci, figura entre los tesoros culturales que allí se exponen.
La travesía cultural continúa en Alemania: en 1895, Wilhelm Konrad Roentgen descubre los rayos X al experimentar con los nuevos rayos catódicos.
Para finalizar, Kennedy, Trump, Drácula y la música de Chopin
Luego siguen Estados Unidos con John Fitzgerald Kennedy y Grecia con la tumba de Filipo II de Macedonia. España también aparece, con su producción de energía eólica. Y Donald Trump, en 1916, se convierte en el presidente número 45 de Estados Unidos.
A continuación, Memoris Nocturnae llega a los Cárpatos con el conde Drácula, con una sorprendente teatralización por parte de Jorge Vuelta. La actuación va creciendo en intensidad hasta producirse una catarsis liberadora, produciéndose una bienvenida relajación. La olla a presión ha liberado su contenido inquietante y pernicioso.
El viaje deriva en momentos plenos de calma y bella música romántica que alimenta el espíritu. Frédéric Chopin llega a la Isla de Mallorca, en compañía de George Sand. De fondo, como música celestial, suena un piano: el Nocturno Op. 9, N° 2 en Mi bemol mayor.
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