En un día nublado, una vista nostálgica: casitas y montañas, quebradas, valles y crestas. El paisaje llega profundo, despertando la emoción del observador.
Los cerros de colores, las pequeñas pampas inclinadas, el tamaño de los cerros, todo eso junto provoca la nostalgia.
El pueblo, abajo, es como una maqueta de fantasía. Las casas parecen pequeñas cajitas, algunas con tapa de color teja. Las calles son apenas pequeños espacios entre las minúsculas formas rectangulares. Los arbustos, los pequeños árboles, parecen apenas un poquito de musgo.
Desde la altura, el pueblo es casi plano para el observador. ¿Y los ríos? Esas venas en la profundidad del paisaje aparecen casi secas, esperando las lluvias que tardarán todavía varias lunas en llegar.
La música de un charango solitario acompaña la vista nostálgica de casitas y montañas. Resulta una música ambigua, como la vida misma. Podría interpretarse como triste o como un canto a la alegría, un agradecimiento por tantísima belleza.
Si alguna vez tenés la oportunidad, no la dejes pasar. Caminar, subir un sendero zigzagueante que asciende y asciende. Y luego, una vez que alcanzaste cierta altura, sólo sentarte y contemplar. Nada más que eso, hará un mundo de diferencia en tu ánimo.
(Video: Pablo Harvey).
(Música: «Charangazo» – Ricardo Vilca. Álbum: Río Arriba).

