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Luego del macabro hallazgo, confirman que uno de los restos óseos es de Fernando

Investigadores del CIF confirmaron que los restos óseos son de Fernando Rodríguez.

El Servicio de Biología Molecular Forense del CIF (Cuerpo de Investigaciones Fiscales) confirmó lo que se temía: uno de los restos óseos pertenece a Fernando José Rodríguez, desaparecido desde el 9 de mayo pasado.

Gabriel González, fiscal penal 2 de la Unidad de Graves Atentados Contra las Personas, dirige la investigación. Durante los casi nueve meses transcurridos, y ante la inexistencia de avances que ayudaran a esclarecer lo sucedido, familiares y allegados organizaron varias marchas en reclamo de justicia.

Sin embargo, entre el 20 y el 22 de diciembre las intensas lluvias revelaron lo que la investigación no había podido hacer. El agua removió los suelos y dejó al descubierto, cerca del río Iruya, restos óseos humanos y un par de zapatillas. Los investigadores confirmaron que uno de los restos es compatible con las muestras de una de las hermanas, estableciendo científicamente una probabilidad de correspondencia superior al 99,99%. Esto permite atribuir de manera altamente confiable los restos a Fernando José Rodríguez.

Fernando, oriundo de Río Grande, Iruya, fue visto por última vez en la madrugada del viernes 9 de mayo pasado en la también iruyana localidad de Chiyayoc. Allí había concurrido para participar de las fiestas patronales.

Como no volviera a su domicilio, familiares efectuaron la denuncia, lo que originó días más tarde una búsqueda que llegó a niveles intensos y de profunda angustia.

Durante las semanas siguientes participaron en los operativos distintos grupos especializados, que incluyeron el uso de canes adiestrados para rastreo de personas y búsqueda de restos humanos, así como drones y recorridas de campo realizadas por personal de la Policía de la Provincia. Entre los cuerpos policiales que participaron están Infantería, División Bomberos, GORA, División Canes, GOPAR y el Departamento de Planificación y Coordinación Operativa, con apoyo adicional de equipos procedentes de la provincia de Tucumán.

De la intensa y minuciosa búsqueda participaron también familiares de Rodríguez, junto a vecinos de Colanzuli y otras localidades iruyanas. La búsqueda fue infructuosa. Cabe mencionar que la geografía del lugar es complicada, por existir profundas quebradas y lugares de riesgoso acceso.

Las investigaciones determinaron que Fernando participó esa madrugada en una pelea con al menos otros cuatro hombres, quienes lo golpearon. Hasta el momento, son ellos los señalados en la causa como sospechosos. Posteriormente, personas declararon haberlo visto «durmiendo» junto a una pared, pero se presume que podría haber estado agonizando.
A partir de allí, se pierde todo rastro y en apariencia nadie volvió a verlo. Los integrantes de las pocas familias que viven en el lugar mantienen un llamativo silencio.

Mientras tanto, la investigación continúa con la identificación de los restantes hallazgos y la realización de todas las diligencias necesarias para esclarecer el hecho.

Una certeza, muchas dudas

La mayor certeza, hasta ahora, es que uno de los restos óseos pertenece a Fernando. Esto echa por tierra las diferentes versiones que circulaban.

Las dudas son muchas, y muchos se preguntan: ¿mataron a Fernando? ¿Lo dejaron morir sin intervenir, abandonándolo a su suerte? ¿Ocultaron el cuerpo? ¿Hay quienes saben y callan? ¿Hay encubridores, por lo tanto, cómplices? ¿Qué pasó esa trágica madrugada? Resulta inadmisible que, en un área donde la presencia humana es conocida, Fernando haya desaparecido sin dejar rastro hasta ser hallado meses después en condiciones que sugieren un destino violento.

Otros interrogantes que se plantean: ¿hay pactos de silencio? ¿La «complejidad geográfica» fue utilizada como coartada para encubrir un crimen? Si Fernando estaba «durmiendo», ¿cómo es posible que se fuera del lugar sin dejar un solo rastro, tanto que ni los canes adiestrados lo detectaran?

Según el Código Penal, el delito de encubrimiento no solo recae en quienes ayudan a ocultar un cuerpo, sino también en aquellos que, teniendo conocimiento de un hecho criminal, omiten denunciarlo o ayudan a los autores a eludir la acción de la justicia. En un caso de graves atentados contra las personas como este, el silencio puede acarrear penas de prisión efectiva, especialmente si se comprueba que se ocultaron detalles clave de lo ocurrido tras las fiestas patronales.

Es fundamental, entonces, llegar a conocer lo sucedido. La naturaleza reveló una parte. Es de esperar que la justicia haga lo propio con lo restante y se pueda así llegar a la verdad. Y si hay culpables, que su accionar no quede impune.

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