Un breve aporte a la historia de Iruya: pircas en Pueblo Viejo.

Un breve aporte a la historia de Iruya

A modo de breve aporte a la historia de Iruya, el siguiente texto tiene como fuente diversos relatos de lugareños transmitidos de generación a generación. En cuanto a las fechas, son resultado de consultas e investigaciones realizadas. Los iruyanos actuales llevan en su sangre una parte que es originaria y la otra proveniente de España.


Iru-Yoc (iru: paja dura, yoc: lugar de) era el nombre que se daba al lugar donde después de la invasión española se construyó el pueblo de Iruya (iru: paja dura, yac: rostro). Es un pequeño valle junto a la confluencia de los ríos Milmahuasi y Colanzuli o Iruya. Allí crecían abundantes plantas de irus, que los habitantes de las comunidades precolombinas usaban para el pastoreo de su hacienda.

Cerca de 1640, dos grupos colonizadores ingresaron al territorio que estaba bajo el dominio del Marqués del Tojo (Marqués Campero, con sede en Yavi). Un grupo partió desde Tupiza (hoy Bolivia) y llegó por la zona selvática de Iruya, límite actual con Orán. De allí provienen las familias Madrigal, Echenique, Zalazar, Flores, Herrera. Se asentaron en las partes bajas y fundaron el pueblo de San Antonio del Valle de Matancillas. Este pablado fue, muchos años más tarde, arrasado por aludes de barro.

El otro grupo llegó desde el Marquesado de Yavi y se asentó en los lugares de mayor concentración indígena que hoy se conocen como Colanzuli y Pueblo Viejo. Este último recibió ese nombre debido a que en principio los españoles llevaron la imagen de la Virgen del Rosario (Patrona de Iruya) a ese lugar. En Pueblo Viejo, a unos 7 km de Iruya en la actualidad, construyeron un oratorio en casa de la familia Cruz, hasta tanto se edificara la Iglesia. En esa zona no hay casi vegetación, el agua es escasa y el clima adverso, por lo que con los años los extranjeros comenzaron a dispersarse. Por esa razón, desde el Marquesado se solicitó la construcción de un caserío en las partes más protegidas por la montaña.

Según los relatos transmitidos a través de muchas generaciones, la Virgen del Rosario, que estaba en Pueblo Viejo, fue encontrada por un pastorero en el Iruyoc, en medio de los irus. Se dio la voz de alarma y la trasladaron nuevamente a casa de los Cruz. Pero la virgen volvió a escaparse al Iruyoc; entonces la llevaron a otro lugar llamado Panti Pampa. Otra vez desapareció de allí para volver al Iruyoc. La gente interpretó que se trataba de un milagro, y que la virgen quería una Iglesia en el Iruyoc. La acomodaron en medio de los irus, apoyada en cajones de madera, y así se comenzó a llamar al lugar Iru-yac (rostro entre los irus).

En 1650 se construyó el oratorio, y se inició el caserío en torno al mismo. Entre 1660 y 1680, varias de las familias de las zonas selváticas construyeron sus viviendas de verano en el Iruyac. De ellas descienden las primeras familias que se afincaron donde hoy está el pueblo de Iruya, que quedó rodeado por las comunidades precolombinas.

El vocablo Iruyac (indígena) cambió con el tiempo y así el pueblo encontró su nombre definitivo, con el que hoy se lo conoce: IRUYA.

Los antiguos pobladores indígenas descienden de los ocloyas, que fueron anexados por los incas al Tahuantinsuyo. Practicaban la agricultura, produciendo maíz, papas andinas en diferentes variedades, oca, quinua y yacón. También criaban llamas. Los españoles introdujeron la cabra, la oveja, la vaca, el caballo, el burro y el cerdo.
(Fuente: Publicación “La Magia de Iruya” y otros).

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