Una experiencia que disfrutarás ampliamente es quedarte con la bici en el camping de Iruya. Después de pedalear durante horas por caminos que parecen salidos de la imaginación, llegás a este pueblo en el corazón de las montañas. Entonces, podés tomar la acertada decisión de quedarte en un lugar con una vista que te corta el aliento por su belleza. Un lugar que se nota que está cuidado por alguien a quien le gustan las plantas. Pleno de paz, de montañas, aire puro, y un cielo maravilloso.
Allí, en ese lugar en el que se escucha el murmullo del río que desciende de las montañas altas, te dedicás con tranquilidad a armar tu carpita. La bicicleta, tu compañera, queda cerca tuyo, esperando para volver a salir en busca de más aventuras. Y claro, en ese momento, te preguntás: ¿Qué más? La respuesta es clara: y te preparás para ponerte en campaña. A preparar algo sustancioso para comer y reponer la energía física consumida en el pedaleo. Porque la otra energía, la espiritual, ya se está recargando. ¡Y vaya forma de cargarse!
Si amás recorrer caminos y conocer lugares subido a tu compañera de dos ruedas, no lo dudes: quedarte con la bici en el camping de Iruya será uno de los recuerdos que quedarán atesorados en tu memoria y en tu corazón.
(Ph: Gustavo Bianchi).

