Es todo una cuestión de géneros

Por Natacha Érica Benakovich

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) establece como igualdad de género a la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de mujeres y hombres, y niñas y niños. La igualdad no significa que las mujeres y los hombres sean lo mismo, sino que los derechos, responsabilidades y oportunidades no dependen del sexo con el que nacieron. La igualdad de género supone que se tengan en cuenta los intereses, las necesidades y las prioridades de las mujeres como de los hombres, reconociéndose la diversidad de los diferentes grupos de personas”.

Por su lado este concepto viene acompañado de lo que se llama  Equidad de género definida como “la imparcialidad en el trato que reciben mujeres y hombres de acuerdo con sus necesidades respectivas, ya sea con un trato igualitario o con uno diferenciado pero que se considera equivalente en lo que se refiere a los derechos, los beneficios, las obligaciones y las posibilidades. En el ámbito del desarrollo, un objetivo de equidad de género a menudo requiere incorporar medidas encaminadas a compensar las desventajas históricas y sociales que arrastran las mujeres».

Marcha en Buenos Aires el 9 de marzo, por aborto legal y contra feminicidios.

Siguiendo lo anterior propongo pensar en la lucha que las mujeres comenzaron cuando tomaron conciencia de que las desigualdades que sufrían se basaban en una mínima diferencia que no dependía de una elección si no que venía designada por una cuestión física, pertenecer al género femenino. Si analizamos los derechos que se vienen conquistando desde que comenzó la lucha feminista observamos que todos tuvieron que ver con cuestiones que remitían a nuestras necesidades básicas, las que tomadas por el estado y el mercado nos volvieron rehenes del ser mujer.

Por género se entiende a las construcciones socioculturales que diferencian y configuran los roles, las percepciones y los status de las personas en una sociedad.
Voy a citar a continuación una lista de lo que hizo el feminismo por todas las mujeres hasta la actualidad:

  • Acceso al voto.
  • Igualdad  salarial a la de un hombre por hacer el mismo trabajo.
  • Acceso a estudios universitarios.
  • Acceso a  cualquier tipo de empleo, no sólo al “trabajo para mujeres”.
  • Puedes recibir y brindar información sobre control de la fertilidad sin ir a la cárcel por ello.
  •  Usar pantalones sin ser excomulgada de tu iglesia o sacada del pueblo.
  • Condena legal por acoso sexual laboral.
  • Iniciar un negocio y obtener un préstamo usando sólo tu nombre y tus antecedentes de crédito.
  • Testificar en tu propia defensa durante un juicio.
  • Poseer propiedades.
  • Obtener la custodia de tus hijas e hijos tras un divorcio o una separación.
  • Tu marido te golpea y esto es ilegal y la policía lo detiene en vez de sermonearte sobre cómo ser una mejor esposa.
  • Te casas y tus derechos humanos civiles no desaparecen dentro de los derechos de tu esposo.
  • Puedes escoger ser madre o no cuando tú quieras y no según los dictados de un esposo o un violador.
Mujeres en un festival de Iruya.

Como podemos ver estamos hoy ante una encrucijada: seguimos reclamando igualdad o continuamos esta historia y  nos quedamos de brazos cruzados condenando a las generaciones que nos sucederán.

Sugiero un ejercicio personal, pensemos ¿cuántas veces en un trabajo tu jefe solo por darte trabajo intentó avanzar logrando que sintieras que tenías ese trabajo porque lo único que interesaba era poder tener un vínculo sexual?

¿Cuántas veces sentiste que caminar por la calle ponía en riesgo tu integridad física y emocional al pasar por un grupo de hombres que no sólo te miraron exageradamente si no que también tuvieron el descaro de gritarte cosas logrando que te cuestiones hasta cómo estabas vestida?
¿Cuántas veces tu pareja se molestó porque no tenías deseo sexual, porque salías sola o por la ropa que te estabas poniendo al punto de tener miedo de sus reacciones y limitar tu elección en pos del miedo?

Creo que lo más impactante tras esta reflexión es darse cuenta de que a todas nos pasó y que no sucedió una vez si no repetidas veces en todos estos contextos.

¿Cuál es nuestra siguiente lucha? Personalmente creo que es una prioridad para todas que el sistema judicial de nuestro país cambie el modo en qué se procede cuando vamos a realizar denuncias de género. Estamos en una situación de urgencia porque en nuestro país en lo que va del año han muerto 97 mujeres víctimas de la violencia de género, la cual engloba una violencia mayor que es sumamente política porque es el estado el que no está actuando como debe. Y casi 20 son las mujeres muertas desde que comenzó la cuarentena.

Las invito a que se reúnan entre ustedes y conversen creen un grupo de diálogo y se organicen para cambiar su realidad, se sumen a esta lucha que ya llegó al país y que se está haciendo escuchar.


Natacha Érica Benakovich es técnica universitaria en Comunicación y maestra en Reiki. Vive en San Salvador de Jujuy.

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