Errorismo de estado I – Reconocimiento de aciertos y desaciertos

Por Gustavo Miranda Saavedra

El aforismo latino dice “errare humanum est” o “equivocarse es humano”, nos enseña que somos falibles. Pero ¿cuál será el calibre del error que se puede colegir como error? En qué proporción se puede extender una falta, un desliz, una culpa, una injusticia, una corruptela, etc.?

Si nos ajustamos al error cotidiano, podemos errar en cuestiones elementales como confundir los horarios, los colores, los nombres, las palabras;  al ver o mirar, al oír o escuchar, al sentir o atender; o al  saludar o reconocer, al conducir, al comer, al tomar; también podemos errar en promocionar, divulgar, anoticiar, trasmitir; y sin ánimo de agotar un catálogo de errores, fundamentalmente se puede errar en conocer o saber.

Mientras los errores mundanos o usuales, generalmente no trascienden el ámbito personal o familiar, los errores en los oficios, profesiones, actividades laborales, comerciales, empresarios, industriales, rurales, agrícolas, etc. tienen una trascendencia mayor, implican posibles daños, y algunas veces irremediables sino inconmensurables.

Por supuesto, los errores en la salud, educación, la justicia y en lo social y político, tienen aún mayor trascendencia que cualquiera de aquellos. Con mayor razón los errores en las ciencias en general y en la política económica en particular.

Ahora bien, filosóficamente hablando, el “conocer” es tener la información del qué, del cómo, del cuándo, del por qué, del para qué, si estaría bien o mal o si sería bueno o malo, pero no sin un mar de dudas; por lo que sin dudas cualquier “conocimiento”, desde el más vulgar hasta el conocimiento científico, puede estar impregnado de “error”.

En cambio, el “saber” significa que todo ese conocimiento, ha pasado al menos con cierto tamiz, a través del método y experimentación científica y/o epistemológica, que permita sino la certeza, al menos la probabilidad cierta, lo que se logra con pruebas de experimentación.

Es así que la historia nos muestra “crasos errores” de la humanidad. Vaya a modo de ejemplo, sino el más grande, al menos un gran paradigma de los errores. Después del siglo de oro de Pericles en Grecia, en el siglo IV a.C., Aristóteles (384-322 a.C.), pronunció su proposición científica astronómica, anunciando su “teoría geocéntrica” sosteniendo que el sol, la luna y los cinco planetas conocidos por entonces (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), giraban u orbitaban alrededor de la Tierra, que estaba inmóvil como el centro de todo; mientras que las estrellas que se visualizaban en el cielo constituían el “firmamento” como si estuvieran fijas.
La teoría del enorme Aristóteles, fue concebida siglos antes del inicio del calendario gregoriano. En el siglo II de esta era, Claudio Ptolomeo (c 100- c 170) astrólogo, astrónomo, geógrafo y matemático egipcio, hizo una supuesta experimentación para comprobación de la conocida “teoría geocéntrica”, consolidándose aún más dicha hipótesis.

Aristóteles y Ptolomeo

Con el correr de los siglos, la iglesia católica, apostólica y romana adoptó esta teoría y la hizo un “dogma”. De tal forma que durante la inquisición, entre los siglos XII y XIX, cualquier postulado contrario a la “teoría geocéntrica” fue considerado por los tribunales de inquisición una herejía con la consecuente condena y pena. Así fue que durante el siglo XV, el científico polaco Copérnico (1473-1543), siguiendo los estudios de la teoría contraria al geocentrismo, desarrolla en su obra: De revolutionibus orbium coelestium” (traducido al español como “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”, concluyó matemática, científica y astronómicamente en la “teoría heliocéntrica”. Esta obra fue publicada póstumamente en 1543 por un teólogo protestante alemán, Andreas Osiander.

Es decir que comprobó científicamente que el planeta tierra rotaba completamente sobre sí mismo cada 24 horas sobre su eje y se trasladaba una vuelta completa al Sol en ciclos de un año. A su vez, esa “teoría heliocéntrica” fue defendida a través de la observación óptica y a riesgo de su propia vida fue verificada científicamente y publicada contemporáneamente por Galileo Galilei (1564-1642), que contribuyó al desarrollo del telescopio inventado por un holandés, dándole mayor aumento y volumen visual, para ver más lejos; de esa forma pudo observar cierta y astronómicamente el movimiento circular alrededor de Jupiter, y sus cuatro principales satélites (denominados actualmente “satélites galileanos” en su honor).

En forma contemporánea se sumó Johannes Kepler (1571-1630), quien se sumó a la comprobación científica y astronómica sobre la teoría copernicana, basándose en la “armonía del cosmos” preestablecida por la escuela de Pitágoras. Este científico no sólo confirmó la «teoría heliocéntrica» sino que también estableció la forma elíptica de la órbita o traslación de los planetas alrededor del sol, que expuso en su primera obra, Mysterium cosmographicum (El misterio cosmográfico, 1596).

Pero resultó, que por afirmar tal teoría, Galileo Galilei fue acusado, juzgado y condenado por “herejía”; y sólo se salvó de morir en la hoguera porque era amigo de la máxima autoridad cristiana, el Papa; de tal modo sólo ello habría evitado su tortura y fallecimiento precipitado. Lo condenaron, pero le dieron prisión domiciliaria y allí permaneció hasta su muerte.

Así fue que, aún después de la evidencia científica, cual dogma se mantuvo la “teoría geocéntrica”. No obstante, recién al promediar el siglo XIX es que tales órganos inquisitoriales de la iglesia católica fueron abolidos, y la inquisición española permaneció en estas tierras hasta el año 1834.

He aquí que este gran error perduró durante veintitrés siglos. Y así como esta tropelía dogmática y abuso caprichoso, actualmente se pretende minimizar los errores por su sólo reconocimiento y supuesta enmienda verbal de Juan Pablo II en anteúltima década del siglo XX; pero sin exhibir siquiera una bula papal que imprimiera, no ya el perdón o la indulgencia a Galileo Galilei, sino una que redimiera a la propia Iglesia y explicitara una penitencia.

Galileo Galilei y Johannes Kepler

Como colofón histórico, es menester recordar que pocos años después de que falleciera Aristóteles nació Aristarco de Samos (310 a.C. – 230 a.C.); astrónomo, matemático y filósofo, quien, siguiendo a su vez un marco teórico de otro astrónomo y filósofo griego, Heráclides Póntico, (aprox. 390 – 310 a.C.) – alumno de la “Academia” de Aristóteles, en virtud de sus observaciones formuló la “teoría heliocéntrica” en un libro que se habría perdido en los incendios de la Biblioteca de Alejandría. Esto se conoce históricamente por citas efectuadas por el físico, astrónomo, matemático, ingeniero, inventor, filósofo griego Arquímedes de Siracusa (aprox. 287 – 212 a.C.) y del historiador, biógrafo y filósofo Plutarco de Queronea (c. 50 – 127 d.C.), quien deja plasmado un rechazo de esta teoría porque cita a otro filósofo griego, Cleantes (300 a 330 – 232 a.C.), de la escuela de los estoicos, quien pensaba: “… que era el deber de los griegos procesar a Aristarco de Samos con el cargo de impiedad …”, sin ninguna razón científica, ni tolerancia filosófica, defendiendo de esa forma la teoría aristotélica. De tal forma, por lo que se conoce Aristarco casi habría sido desterrado de Grecia.


El art. 929 del viejo Código Civil, proveniente del Derecho Romano, contemplaba el siguiente axioma normativo: “el error de hecho no perjudica”, pero siempre y cuando ha habido razón para errar: “… pero no podrá alegarse cuando el verdadero estado de las cosas proviene de una negligencia culpable” (sic). Es decir que resulta que el error de hecho sólo es excusable cuando se torna explicable, justificable; no siempre. En sentido contrario, “el error de derecho sí perjudica”; la inexcusabilidad es absoluta, refiriéndose a una exégesis lógica y razonable.

Pero, a su vez siendo el “error” un concepto equivocado o un juicio falso o acción desacertada o equivocada, en derecho el “error” se considera como un “Vicio del consentimiento causado por equivocación de buena fe, que anula el acto jurídico si afecta a lo esencial de él o de su objeto” y de allí que por su trascendencia jurídica, el art. 1109 del viejo CC decía: “El que por su culpa o negligencia ocasiona un daño a otro, está obligado a la reparación del perjuicio” (sic).

Ahora, en tiempos de democracia y más aún en las épocas de elecciones,  cabe apuntar la trascendencia de los errores en política y en la economía de los últimos cuatro años.
No recuerdo desde el retorno de la democracia (1983), ningún gobierno que haya esgrimido a su favor, tanto respecto de actos de administración o de gobierno, tantísimos errores, o mejor dicho “supuestos” errores. Y que argumentaran a su favor, por supuesta buena fe, reiterando sistemáticamente: ¡sabemos reconocer nuestros errores! Como si ello fuera una magna virtud, saltando a la vista que se trata lisa y llanamente de hechos, actos, discursos y/o manifestaciones, sino de conductas y actos “ex professo” -confeso y adrede-, o al menos de una profusa o deliberada “mala praxis”.

Cambiemos / Todos por el Cambio, que gobernó Argentina durante los cuatro años pasados.

Cuando niños, jugábamos y nos divertíamos de muchas maneras; y cuando a uno le ponían un zancadilla, sabíamos diferenciar si había sido “sin querer” o “a propósito”. Incluso, ante la duda, a la primera vez bastaba una mirada dudosa mientras uno se sacudía el guardapolvo si se había caído; en una segunda vez, al menos uno se ponía furibundo; pero en una tercera vez, directamente uno se iba a las piñas.

El gobierno anterior hizo bandera petulante del summum de reconocimiento de supuestos errores administrativos, legislativos, políticos y económicos. Fue así que los resultados de tales supuestos desaciertos, no sólo ocasionaron daños a la moneda nacional, sino que prácticamente dolarizaron la economía, provocando la fuga de dólares o capitales, mayor inflación, desempleo, descapitalización de micro, pequeñas, medianas y hasta de grandes empresas. Gestando mayor pobreza y en contraposición interna, no por error, logró mayor enriquecimiento de los grandes grupos económicos, bancarios, financieros, mediáticos y de clase media dolarizada. Es decir que sin querer queriendo ocasionaron un ingente grado de pobreza y miseria.

Para evitar mayores abundamientos y en conclusión, más allá que considero que el gobierno de la alianza “Cambiemos”, actualmente “Todos por el cambio”, desde mi punto de vista conocía y sabía muy bien lo que vino a consumar planificada y sistemáticamente. Lo cual permitiría otro análisis. De allí que no fueran reelectos. La pretensión era profundizar (¡?).

Como colofón, digo que así como el accionar ilegítimo e ilícito del gobierno militar, por sembrar el “miedo” y el “terror” se lo denomina y así fue sin dudas “Terrorismo de Estado”, entonces al gobierno saliente de Macri – Peña y al mejor equipo de ministros y asesores que durante 4 (cuatro) años sembraron supuestos “desaciertos”, “equivocaciones” y “errores” por doquier, como un “dogma”, sin dudas y al menos, se podría atribuir a tamaño accionar errático como “Errorismo de Estado”. Ergo, como en el caso del craso error de la iglesia, el gobierno anterior, como inquisidores de supuestos actos de “corrupción”, no asumen su propia corruptela.

4 comentarios sobre «Errorismo de estado I – Reconocimiento de aciertos y desaciertos»

  1. Creyó el autor que podía demostrar del error intencional del gobierno anterior y cayó en su propio juego. El colofón final lo demuestra. El país no tiene mucha experiencia de honestidad y sinceridad, por tanto se torna difícil ser imparcial a la hora de juzgar las acciones. No seamos ventajeros. No caigamos en la aseveración fácil. Eso es incultura. A una fotografía, que es la realidad impresa, ya encontramos la forma de cambiarla en lugar de enaltecerla. La estamos vistiendo a nuestro gusto.

  2. La verdad que verdadero ASCO me da leer estos artículos cargados de resentimiento político, y lo peor del caso haciendo un análisis de una gestión que trató de la manera que pudo ir encauzando el VERDADERO DESASTRE Y CAOS DE TODO TIPO que dejaron una manga de MAFIOSOS , CORRUPTOS Y DELINCUENTES que como una topadora destruyeron el País sin pena ni gloria .No debo de reconocer los errores que SI existieron pero como en este País pululan los MORALISTAS,SOBERBIOS Y PREPOTENTES que se creen los poderosos de la palabras y los que se creen tener las SOLUCIONES MAGICAS para resolver los gravísimos problemas que atraviesa este País desde hace décadas.Me pregunto yo y de los desastres que venimos viviendo desde la década de los 90 hasta hoy ,de eso no se habla????Que autoridad moral tiene este tipo que escribe esta nota para circunscribir y limitar todo los daños del País a los cuatro años de Gobierno de Macri????Realmente un verdadero MAMARACHO la nota y la publicación.Si este medio tiene sólo para difundir este tipo de nota cargada de una connotación IDEOLOGICA propia de seudozurdo de cuarta, debo decir que ya mismo dejo de seguir a NOTIRUYA.Una VERGÜENZA Y que este artículo todavía se luzca como la gran publicación en un muro de Facebook me parece deplorable!!!!!

    1. Estimada Carmen:
      este artículo refleja el pensamiento de una persona, que se expresa a través de su escrito.

      Si quieres escribir todo eso que dices en un artículo, por supuesto que serás más que bienvenida en NOTIRUYA y tu artículo tendrá el mismo tratamiento que esta publicación. O sea, saldrá en el facebook de NOTIRUYA y en todos los espacios que tiene este periódico en las redes sociales.

      Además, tienes todo el espacio que consideres necesario para publicar. NOTIRUYA da mucha importancia a la libertad de expresión, lo cual es uno de sus pilares.

      Gracias por comentar,

      Pablo Harvey – editor

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